
No conocemos a nuestros vecinos. Y no hablo de quien vive en la casa de al lado.
En Castilla-La Mancha hay miles de personas que madrugan cada día. Mientras el sol todavía se despereza, ya están arrancando el tractor o levantando la persiana de su empresa. Personas que gestionan equipos, que invierten su patrimonio y su tranquilidad, que generan puestos de trabajo y que asumen riesgos un día sí y otro también.
Son empresarios y empresarias que sostienen la economía de muchos pueblos y de toda una región. El tejido de pymes familiares, explotaciones, transformadoras y empresas auxiliares que hace que un territorio siga vivo. Y, sin embargo, la mayoría de la sociedad no sabe quiénes son.
Vivimos cerca, pero no los conocemos. Y eso no es un detalle menor. Porque una empresa que nadie conoce es una empresa que nadie va a salvar: no atrae relevo, ni talento, ni inversión, ni el reconocimiento que merece. Son, muchas veces, esos negocios silenciosos que no hacen ruido pero que lo sostienen todo. Lo que no se cuenta, no existe para el resto.
Quizá deberíamos empezar por ahí: por contar quiénes son, qué hacen y por qué importan. Por mirar a nuestro alrededor y reconocer que buena parte de lo que nos sostiene lleva años trabajando, en silencio, a la vuelta de la esquina.
Conocer a nuestros vecinos es el primer paso para no perderlos.
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