
¿Os acordáis de las tractoradas de hace unos meses? De cuando, en mitad de las protestas del campo, muchos criticaban a los agricultores echando cuentas de lo que costaba cada tractor, como si tener una buena máquina les quitara la razón.
Pues bien. ¿Sabéis qué están haciendo hoy muchos de los propietarios de esos tractores? Ponerlos al servicio de uno de los peores desastres que recordamos.
La DANA del 29 de octubre dejó en la Comunitat Valenciana más de 200 víctimas mortales. Calles arrasadas, casas y negocios destruidos, miles de coches amontonados entre el barro. Y allí, desde el primer día, antes incluso de que llegara buena parte de la maquinaria oficial, estaban los agricultores. Con sus tractores, abriendo paso, retirando coches y sacando toneladas de lodo.
Lo hacen, además, mientras muchos de ellos han perdido buena parte de aquello por lo que llevan toda la vida trabajando. Con sus propios campos anegados. Con pérdidas que se cuentan por cientos de millones. Y, lo más duro, sin saber todavía cuántos tendrán que llorar también pérdidas humanas estos días.
Y todo de su bolsillo. Que no hace falta que os cuente lo que cuesta una hora de gasoil.
No lo escribo para hacer demagogia con una tragedia. Lo escribo porque dice mucho de un sector al que tantas veces se mira por encima del hombro. El campo, cuando se le necesita, aparece. Sin cámaras, sin discursos, con las botas metidas en el lodo. Son, muchas veces, esos vecinos a los que apenas conocemos hasta que hacen falta.
Así que permitidme una sola cosa: bravo por ellos. Y por todas las personas que, cada una con lo que tiene en su mano, se están volcando estos días.
Esperanza, ánimo y consuelo.
