
Hay una frase que se repite mucho en el sector agroalimentario, y casi siempre con resignación: «no encontramos a nadie».
La decimos como si el problema viniera de fuera, como si simplemente no hubiera gente dispuesta. Pero cuando rascas un poco, muchas veces «no encontramos a nadie» significa otra cosa: no estamos dispuestos a cambiar nada para atraer a alguien.
Seguimos buscando talento como hace veinte años. Una conversación rápida, una corazonada, confiar en la «experiencia» y cruzar los dedos. Nos gusta pensar que tenemos buen ojo, que sabemos detectar en cinco minutos a la persona válida. Es más cómodo. Pero contratar es una de las decisiones con más impacto que toma una empresa, y una mala elección no solo cuesta dinero: cuesta tiempo, desgaste, equipos desmotivados y oportunidades que no vuelven.
Y aquí está lo importante: muchas veces el problema no es la persona. Es el sistema. Procesos lentos y poco claros. Ofertas vagas. Funciones mal definidas. Cero acompañamiento cuando alguien llega. Formación que no existe. Liderazgos que nadie se atreve a cuestionar. Con ese contexto, hasta el mejor fichaje se quema o se va.
Porque el talento no fracasa solo. Fracasa cuando lo colocamos en sitios que no lo dejan crecer.
Lo curioso es que seguimos pensando que el talento nos tiene que elegir a nosotros, cuando en realidad somos nosotros quienes competimos por él. Tu empresa no compite solo con la de al lado: compite con cualquier otro sitio donde esa persona pueda trabajar a gusto. Y, aun así, seleccionamos como si sobraran perfiles.
Por eso creo que la pregunta está mal hecha. No es «¿por qué no hay gente?». Es «¿qué estamos haciendo nosotros para que quieran venir, quedarse y crecer aquí?». Y eso enlaza con algo que defiendo siempre: el reto del sector no es de voluntad, es de modelo. También cuando hablamos de personas.
Atraer talento no va de tener suerte ni buen ojo. Va de diseñar mejores formas de buscar, integrar y cuidar a la gente. De tratar la captación como lo que es: una decisión estratégica, no un trámite.
Y en el campo, también. Sobre todo en el campo.
Claudia Calzada