
Creo que estamos contando mal el relevo generacional en el campo.
Casi siempre lo planteamos igual: «los jóvenes no quieren ser agricultores». Y nos quedamos ahí, como si el problema fuera una cuestión de voluntad o de falta de vocación. Pero el problema, me parece, no es ese.
El problema es que seguimos tratando el relevo como un asunto exclusivamente agrícola, del campo y de la tierra, cuando en realidad es un reto empresarial, territorial y económico. Para que alguien tome el relevo no basta con que quiera continuar. Hace falta que haya algo a lo que merezca la pena incorporarse.
Y ese «algo» es un ecosistema. Explotaciones rentables, acceso a servicios profesionales, empresas auxiliares que funcionen, información para tomar buenas decisiones, financiación, un sistema que acompañe. Sin eso, pedirle a un joven que se quede es pedirle que se eche a la espalda un proyecto que la sociedad ha dejado solo.
Porque hoy, en muchas zonas de Castilla-La Mancha, el agricultor no solo cultiva. También es mecánico, gestor, comercial, técnico y, algunos días, hasta meteorólogo. Hace de todo porque alrededor no siempre hay quien lo haga por él. Y así es muy difícil que una nueva generación vea la agricultura como lo que puede llegar a ser: un proyecto profesional atractivo.
Los datos acompañan esa lectura. España perdió un 7,6% de sus explotaciones agrarias en apenas una década, según el último Censo Agrario. No desaparecen porque falten jóvenes con ganas, sino porque muchas dejan de ser viables. Y un negocio que no es rentable no encuentra quien lo continúe, tenga la edad que tenga.
Por eso creo que, si de verdad queremos relevo, tenemos que cambiar la conversación. Dejar de hablar solo de jóvenes y empezar a hablar de empresa, de estructura, de oportunidades en toda la agroindustria. Porque el relevo, como ya he contado otras veces, no es solo cosa del campo: es de todo lo que se construye a su alrededor.
Al final, el futuro del sector no depende solo de quién herede la tierra. Depende, sobre todo, de qué modelo de sector estemos construyendo para que esa tierra tenga sentido. Y eso ya no es una cuestión de vocación. Es una cuestión de país.
Claudia Calzada