
Aviso desde ya: el titular es una provocación. Pero quédense con la idea, porque me parece de las buenas.
Del 24 al 28 de junio, FERCAM reúne en Manzanares a más de 200 expositores y maquinaria valorada en casi 48 millones de euros. Tecnología puntera, sensores, riego de precisión, datos, automatización. Quien pasee por el recinto con los ojos abiertos se topa con algo que repito sin cansarme: el campo español no es analógico; lo analógico es la forma en que lo contamos. Y esa manera de contarnos nos hace invisibles precisamente para quien más falta nos hace, las personas de fuera del sector.
Porque el relevo generacional no se arregla solo entre nosotros. Llevamos años hablándonos a nosotros mismos, en nuestras ferias y con nuestro lenguaje, dando por hecho que el de al lado ya sabe de qué va esto. Y no lo sabe. El joven que estudia ingeniería, la veterinaria que no se imagina en una cooperativa, el informático convencido de que aquí no pinta nada… no es que nos rechacen: es que ni siquiera saben que existimos, que somos una opción.
Conviene además revisar una idea que arrastramos desde hace demasiado tiempo: la de confiar el futuro del sector, y orientar buena parte de las ayudas públicas, a que los hijos hereden el trabajo de los padres, como si fuera un título nobiliario. A veces ocurre, y es una suerte. Pero dejarlo todo en manos de quién nace en qué familia nos sale caro. Y así nos va: solo el 4% de quienes están al frente de una explotación agraria en España tiene menos de 35 años, y la edad media ronda ya los 61. Si esperamos a heredar el relevo, perdemos dos veces: por las explotaciones que se quedan sin sucesor y por toda la gente preparada, de fuera, que jamás se planteó que esto fuera para ella.
De ahí lo del Tinder. Imaginen un espacio dentro de FERCAM: una carpa, unas mesas, un horario. A un lado, profesionales de verdad: agricultores, ganaderos, gente de la industria que transforma, de la auxiliar, de la logística. Al otro, personas ajenas al sector con curiosidad por entender de qué va todo esto. Encuentros de quince minutos, sin discurso institucional ni folleto. Cuéntame cómo es tu día, qué decisiones tomas, cuánta tecnología y cuánto oficio hay detrás, qué se gana y qué cuesta. Una cita entre una vocación que no sabía dónde mirar y un sector que no sabía cómo dejarse ver.
Y fíjense bien en quién se sienta a ese lado de la mesa, porque el relevo va mucho más allá de las explotaciones. Detrás de cada producto que llega al consumidor hay una pyme familiar que transforma, otra que repara la maquinaria, otra que mueve y distribuye. Muchas sin sucesor a la vista, y son justamente las que más oportunidades pueden ofrecer a quien llega de fuera. Una feria que junta todo ese tejido en cinco días es el lugar idóneo para que se vean.
La idea, en el fondo, es enseñar el campo tal y como es: exigente, real y mucho más moderno y lleno de oportunidades de lo que su fama cuenta. FERCAM ya hace lo difícil, cada año reúne lo mejor del sector. Solo faltaría abrir una puerta más: la de quien todavía no sabe que esto le interesa.
¿Se sentarían a esa mesa?
Una versión de este artículo se publicó originalmente en mi tribuna de La Tribuna de Ciudad Real.