El relevo generacional no es solo cosa del campo

Paisaje agroalimentario de Castilla-La Mancha y el reto del relevo generacional en el sector
Paisaje agroalimentario de Castilla-La Mancha y el reto del relevo generacional en el sector

Cuando hablamos de relevo generacional siempre miramos al agricultor que se jubila. Pero el verdadero riesgo está un peldaño más arriba, en la industria y en las empresas que rodean al campo, y de eso casi nadie habla.

Cada vez que se habla de relevo generacional en el campo, la conversación empieza y termina en el mismo sitio: el agricultor que se jubila y no encuentra quién continúe. Es un problema real y serio. En España, solo el 3,7% de los jefes de explotación agraria tiene entre 25 y 34 años, mientras que cerca del 70% supera los 55. Los números no engañan: el campo envejece.

Pero quedarnos ahí es el error. Porque el relevo no es solo del campo. Es de cada eslabón de la cadena alimentaria.

El doble relevo de la agroindustria

Un peldaño más arriba está la agroindustria, la primera industria de España. Y ahí se juega exactamente el mismo relevo, pero por partida doble. Por un lado, la propiedad envejece: el 89% de las empresas españolas son familiares y solo una de cada tres supera la segunda generación, según el Instituto de la Empresa Familiar. Llegar a la tercera es casi una rareza. Por otro lado, las plantas no encuentran talento joven: faltan técnicos, electromecánicos, especialistas en calidad y en digitalización para puestos estables y bien pagados que se quedan sin cubrir.

Es un doble relevo. Y se extiende también a las empresas auxiliares, a los proveedores, a la logística, a las cooperativas y a la distribución. Cuando uno de esos eslabones no encuentra continuidad, el riesgo no se queda en su balance. Se traslada a toda la cadena.

¿Por qué importa tanto, más allá de cada empresa concreta? Porque el 74% de la industria de alimentación y bebidas está en municipios de menos de 50.000 habitantes, según la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB). Donde hay una fábrica de transformación hay nóminas, hay servicios, hay proveedores locales y hay razones para quedarse. Cada sucesión que se frustra y cada vacante que no se cubre acercan el cierre de una planta que, muchas veces, es el principal empleador de su comarca. Y cuando esa planta cierra no se pierde solo un negocio: se pierde población, conocimiento acumulado durante décadas y futuro.

Castilla-La Mancha, una potencia agroalimentaria invisible

En Castilla-La Mancha, la tierra desde la que escribo, esto no es un escenario hipotético. Somos una de las grandes potencias agroalimentarias de España, con un tejido enorme de pymes familiares que sostienen pueblos enteros. Muchas de ellas apenas se conocen fuera de su comarca. Y una empresa que nadie conoce es una empresa que nadie va a salvar: difícilmente aparece un relevo, un socio o un inversor para algo que es invisible.

El relevo generacional es, antes que nada, un problema de relato

Llevo tiempo convencida de algo: el relevo generacional es, antes que nada, un problema de relato. Durante años hemos contado el sector solo desde la queja, la pérdida y el cierre. Así no extraña que el talento joven mire hacia otro lado. Ningún joven y ningún inversor se suman a un proyecto que solo cuenta lo que va mal. Si queremos futuro, hay que comunicarlo: poner sobre la mesa el peso real que tenemos en PIB y en empleo, la tecnología que ya usamos y las oportunidades que existen en toda la cadena y en todo el territorio.

No se trata de maquillar la realidad ni de negar los problemas, que los hay. Se trata de contarlos completos. El relevo generacional no va solo de quién hereda la tierra. Va de qué modelo de sector y de territorio estamos construyendo a su alrededor: uno rentable, profesionalizado y atractivo, o uno que se da por perdido antes de pelearlo.

La tierra se hereda. El relevo, en cambio, también se inspira. Y eso empieza por cómo lo contamos.

4 comentarios en “El relevo generacional no es solo cosa del campo”

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