
Hace unos meses me propuse un pequeño ejercicio: seguir durante una semana, con lupa, cómo aparecía el sector agroalimentario en los informativos de una televisión regional. Una de Castilla-La Mancha, además, donde el campo es absolutamente clave.
La conclusión fue bastante reveladora. El sector no tiene una presencia constante: aparece, sobre todo, cuando hay un problema. Una subida de costes, una protesta, un fenómeno climático. Y eso, lo quieras o no, acaba condicionando muchísimo la imagen que se proyecta.
Quiero ser justa, porque sería fácil caer en el victimismo y no es eso. El enfoque es mayoritariamente negativo, sí, pero no porque al campo se le trate peor que a otros. Es la lógica general de los informativos: lo que genera noticia es el conflicto o lo excepcional. El agro no es una excepción, simplemente entra en esa dinámica como cualquier otro sector.
Pero hay un matiz que me parece clave. Muchas veces el sector aparece de forma indirecta, colgado de otros temas: la inflación, la energía, una decisión política. Casi nunca como un ámbito con entidad propia. Y así es muy difícil que el espectador entienda cómo funciona de verdad ni el peso real que tiene.
Y el peso es enorme. El conjunto del sector agroalimentario aporta en torno al 9% del PIB de España y más del 11% del empleo: más de dos millones de puestos de trabajo. No es un sector marginal del que se pueda hablar solo cuando truena. Es uno de los motores del país. Y, aun así, en pantalla aparece casi siempre fragmentado, sin un hilo que lo explique como lo que es: estratégico.
Cuando el agricultor sale, suele hacerlo en contextos de dificultad o reivindicación. Las buenas noticias (una feria, un premio, una innovación, una cooperativa que crece) están, pero tienen menos peso y menos desarrollo. Acaban siendo la anécdota, casi nunca el titular.
Ahora bien, aquí está la parte incómoda, y va para nosotros. Es muy cómodo echarle la culpa al periodista o al formato. Pero si el sector solo se deja ver cuando protesta, no puede extrañarnos que esa sea la imagen que llega. El problema, en el fondo, no es solo cómo nos tratan. Es que no terminamos de ofrecer un relato propio, claro y continuo, que ayude a entender el sector como lo que es. Y eso ya lo he dicho otras veces: lo que no se cuenta, no existe.
No se trata de pedir titulares amables ni de maquillar la realidad, que tiene sus problemas y hay que contarlos. Se trata de algo más ambicioso: de construir, también desde dentro, una narrativa que no dependa solo de que haya o no conflicto esa semana.
Porque un sector que mueve casi el 9% del PIB no puede permitirse aparecer en pantalla como un susto de vez en cuando. Merece, y necesita, que se cuente todo lo demás. Lo que pasa los otros 360 días del año.
Claudia Calzada